lunes, 27 de septiembre de 2010

De Dios y otras cosas...

–Queréis decir… ¿Cómo os llamáis? –le preguntó Rodrigo.

–Respondo por padre Alfonso o fray Alfonso Méndez.

–Así pues, frayAlfonso –inquirió Rodrigo, colocándose a su lado–, habéis logrado escapar de la Santa Inquisición y criar a vuestros hijos sin que la Iglesia os haya quemado.

–No soy el único fraile ni cura que vive decentemente con su barragana y cría a sus hijos en Sevilla y en Castilla –su voz sonaba altiva y su gesto era de dignidad–. Somos tantos que la Inquisición no tiene calabozos para nosotros. Algún día, cuando sus tribunales estén menos ocupados con las herejías, emprenderá la reformación de las costumbres y, entonces, nos encarcelará y juzgará, mas, por el momento, nos deja vivir tranquilos.

–Mi padre se gana muy bien el pan confesando a las gentes de los pueblos y las aldeas –nos aclaró Alonso con orgullo–. ¿Quién no prefiere recibir el sacramento del perdón de un sacerdote con hijos que entiende las debilidades humanas? Todos los hermanos del gremio

de ladrones y rufianes de Sevilla tienen a mi padre por su confesor.

Venganza en Sevilla - Matilde Asensi

>> ¿Y no es verdad?